Laura M.
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Hacia mucho tiempo que no me habían atendido con tanta mala educación, soberbia y prepotencia, por lo que las malas reseñas que hayáis leído, son ciertas, por mucho que intenten desacreditarlas.
Nunca pongo malas reseñas, jamás, pero el trato de hoy me ha parecido impresentable por parte de la trabajadora con pelo negro.
He ido a la mercería a pedir una tela. He llevado una muestra y la primera contestación con un tono totalmente despectivo ha sido: es que no sé qué tela es esta….la digo que no es necesario que sea la misma, si no una parecida. Me vuelve a decir varias veces que no sabe qué tela es esa, que como mucho podía ofrecerme terciopelo o satén (si no recuerdo mal el nombre de esta última). Le pregunto cuales son esas y me contesta “pues la que tienes aquí arriba o abajo”, repito, de la peor forma que os podáis imaginar. Se va a buscarme otras telas y me ofrece 2 tipos. La digo que me quedo con la que ella me recomiende (ya que es la profesional y es ella la que entiende), pidiéndole la que sea más resistente. Me dice con muy mala cara y de nuevo con el peor tono con el que a mi me han hablado jamas, que “eso es cosa mía”. La digo que ella es la que entiende, que me quedo con la que considere mejor. Me vuelve a repetir que “eso es cosa mía” hasta que por fin me dice, igualmente con mal tono, que la de antelina es más fuerte.
Sumado a esto, cada tela tenía un ancho diferente, por lo que no sabía bien cuál llevarme por si me quedaba corta. La explico para que zonas lo necesito, enseñándoselas y señalándolas en mi propio abrigo (eran las mismas que para el abrigo en el que iba a poner la tela, en concreto, en los bolsillos y la cremallera). Me repite varias veces “es que si no tengo el abrigo pues no lo puedo saber, luego hay clientes que se vienen quejando”, así varias veces a pesar de enseñarle continuamente las zonas. Yo estaba súper cortada hasta que fui capaz de decirla que mi abrigo era el mismo que el que tenía mi madre para poner esa tela (era mentira, no era el mismo, aunque si tenia las zonas iguales. Diciéndole eso pensé que podía hacerme caso, porque repito, a pesar de ser abrigos diferentes, los bolsillos y cremallera eran del mismo estilo). A esto me dice “pues si es el mismo coge la tela y lo miras tú” soltándome la tela y yéndose a atender a otra persona.
Las cosas se pueden decir de muchísimas maneras y aun sin ver el abrigo en persona, que repito, le estaba enseñando el mío diciéndole que era en esas mismas zonas, se puede asesorar y atender a los clientes de forma muchísimo más educada. Me contestó mal desde el minuto 1, cosa que yo no hice en ningún momento. Ojalá pudiese mostrar el tono de voz con el que me ha hablado. He salido totalmente incómoda. Lo único que le agradezco ha sido que me ha cobrado algo menos al tener un trozo de tela suelto.
Yo no tengo mucha idea de mercería, necesitaba ayuda ya que no sabía ni qué ancho sería el mejor, ni que tipo de tela sería mejor, y me he ido con mal sabor de boca por culpa de una persona maleducada.